sábado, 28 de febrero de 2015

Rehabilitación

Te quiero, con mi vida, con mis versos, con mis idas y venidas, con mis suspiros, con mis miradas. Te quiero como quieren las estrellas a la noche, o como quiere el sol al día. Como la sal necesita del mar, o las hojas de los árboles. Pero tú, implacable, vuelves a descolocarme y haces lo mismo que de costumbre, lo mismo de siempre. Y yo ya no sé como llevarlo. Porque eres como un erizo, asustadizo, que cuando tiene miedo coge y se envuelve en su piel de pinchos para que no le hagan daño, aún sabiendo que al que le vaya a tocar va a ser herido. Aunque a lo mejor ese pobre erizo se olvidó de proteger a lo que menos daño quería hacer en vez de dejarlo afuera para que se pinchase como el resto.

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