Puede que tenga las notas de mi móvil llenas de mis sentimientos y de mensajes para ti, puede que cuando estoy solo me diga en voz bajita: "No me sueltes nunca". Incluso a veces exploto a llorar con ciertas canciones. Recuerdo tu esencia, tus ganas de vivir, tus ganas de querer y también las de olvidar, la energía que aportas y esa sonrisa contagiosa.
Me apropié y me aferré a mis propias alas y alcé el vuelo, volando alto, planeando, sientiendo el aire en la cara y gritando a los cuatro vientos que el destino te había hecho para mí. No podía estar más lleno de vida, más lleno de felicidad, me sentía completo al tenerte. De repente esas alas dejaron de moverse y yo caí en picado, más fuerte que nunca, y destrozándome contra el suelo. Sintiendo un dolor que jamás había sentido, un dolor que todavía conservo, un dolor que siguen siendo heridas abiertas y que van a tardar en cicatrizar. Aún recuerdo como coser esas alas... Y como volver a hacer que vuelen.
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